Fender quiere proteger sus guitarras. ¿Pero quién está protegiendo a los músicos? | Cronicas
Durante más de 70 años, Fender construyó algunas de las formas más reconocibles de la historia de la música. Basta ver una silueta de una St...
Durante más de 70 años, Fender construyó algunas de las formas más reconocibles de la historia de la música. Basta ver una silueta de una Stratocaster o una Telecaster para saber exactamente de qué instrumento se trata. Son diseños icónicos y nadie puede discutir la influencia que tuvieron sobre generaciones enteras de músicos. Sin embargo, la reciente postura de Fender de endurecer la protección sobre la forma de sus guitarras abre una discusión incómoda: ¿está la marca defendiendo su legado o intentando controlar algo que hace décadas pasó a formar parte de la cultura musical? La realidad es que miles de fabricantes alrededor del mundo han producido instrumentos inspirados en estos diseños durante años. Algunos son copias descaradas. Otros son interpretaciones modernas que incorporan mejoras, innovaciones o simplemente ofrecen una alternativa más accesible para músicos que no pueden pagar una Fender original. Y ahí es donde surge la contradicción. Mientras Fender busca proteger cada vez más agresivamente sus diseños históricos, sus propios instrumentos se alejan económicamente de muchos de los músicos, como los que en sus inicios hicieron grande a la marca. El precio de numerosas Fender estadounidenses ya supera con facilidad lo que un músico independiente promedio puede justificar. En un mercado donde los ingresos por streaming son mínimos y tocar en vivo es cada vez más difícil, la guitarra que alguna vez representó accesibilidad se está convirtiendo en un producto premium. La pregunta entonces es inevitable: ¿qué gana Fender si logra eliminar parte de la competencia inspirada en sus diseños? Porque las siluetas de Stratocaster y Telecaster no se hicieron famosas gracias a los abogados. Se hicieron famosas porque millones de músicos las llevaron a escenarios, estudios, garajes y salas de ensayo alrededor del mundo. Fueron los músicos quienes transformaron esos diseños en símbolos culturales. Resulta difícil no ver cierta desconexión cuando una empresa dedica recursos a proteger formas creadas en los años cincuenta mientras muchos de sus potenciales clientes buscan alternativas más económicas para poder seguir haciendo música. La historia de Fender siempre fue una historia de democratización. Leo Fender diseñó herramientas para músicos trabajadores, no objetos exclusivos para coleccionistas. Si la conversación actual gira más alrededor de demandas, marcas registradas y propiedad intelectual que alrededor de instrumentos accesibles, quizás sea momento de preguntarse si la compañía sigue defendiendo el mismo espíritu que la convirtió en leyenda. Las marcas tienen derecho a proteger sus activos. Nadie discute eso. Pero también deberían preguntarse cuánto valor tiene ganar una batalla legal si, en el camino, siguen perdiendo la conexión con la comunidad que les dio relevancia en primer lugar. Porque al final, una forma de guitarra no se convierte en un ícono por estar protegida. Se convierte en un ícono cuando la gente la sigue queriendo tocar. Y hoy Fender goza de ese privilegio que parece estar cayendo al ver cosas como estas en redes. https://www.instagram.com/p/DYlVZqLlDyQ/?igsh=MWR5cXQzb2JxcmlqOA==